Ni el corazĂłn cortado por un vidrio
en un erial de espinas,
ni las aguas atroces vistas en los rincones
de ciertas casas, aguas como pĂĄrpados y ojos,
podrĂan sujetar tu cintura en mis manos
cuando mi corazĂłn levanta sus encinas
hacia tu inquebrantable hilo de nieve.
Nocturno azĂșcar, espĂritu
de las coronas,
redimida
sangre humana, tus besos
me destierran,
y um golpe de agua con restos del mar
golpea los silencios que te esperan
rodeando las gastadas sillas, gastando puertas.
Noches con ejes claros,
partida, material, Ășnicamente
voz, Ășnicamente
desnuda cada dĂa.
Sobre tus pechos de corriente inmĂłvil,
sobre tus piernas de dureza y agua,
sobre la permanencia y el orgullo
de tu pelo desnudo,
quiero estar, amor mĂo, ya tiradas las lĂĄgrimas
al ronco cesto donde se acumulan,
quiero estar, amor mĂo solo con una sĂlaba
de plata destrozada, solo con una punta
de tu pecho de nieve.
Ya no es posible, a veces
ganar sino cayendo,
ya no es posible, entre dos seres
temblar, tocar la flor del rĂo:
hebras de hombre vienen como agujas,
tramitaciones, trozos,
familias de coral repulsivo, tormentas
y pasos duros por alfombras
de invierno.
Entre labios y labios hay ciudades
de gran ceniza y hĂșmeda cimera,
gotas de cuĂĄndo y cĂłmo, indefinidas
circulaciones:
entre labios y labios como por una costa
de arena y vidrio, pasa el viento.
Por eso eres sin fin, recĂłgeme como si fueras
toda solemnidad, toda nocturna
como una zona, hasta que te confundas
con las lĂneas del tiempo.
Avanza en la dulzura,
ven a mi lado hasta que las digitales
hojas de los violines
hayan callado, hasta que los musgos
arraiguen en el trueno, hasta que del latido
de mano y mano bajen las raĂces.

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